Conciencia vs Consciencia
- 6 dic 2019
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Actualizado: 20 feb 2020
Dos conceptos muy distintos pero que están estrechamente relacionados y son determinantes en el proceso del coaching ontológico.

Partiendo del diccionario de la RAE (Real Academia Española), la palabra consciencia es definida como la capacidad del ser humano de reconocer la realidad circundante y de relacionarse con ella.
Por otra parte, en el mismo diccionario, la palabra conciencia se define como el conocimiento del bien y del mal que permite a la persona enjuiciar moralmente la realidad y los actos, especialmente los propios.
En ambos casos encontramos una alusión al autoconocimiento a algo que sucede al darse cuenta de algo que ocurre en el interior de uno mismo. En el libro llamado El estudio de la consciencia: perspectivas fundamentales de Ana Rojo Rubio y M. Isabel Rodríguez, las autoras dan cuenta de esto cuando afirman: “En nuestra propia experiencia, la consciencia se presenta como un todo que engloba nuestra relación tanto con el exterior como con nosotros mismos. Es en ella en donde encontramos, por ejemplo, nuestros pensamientos, fantasías y sensaciones sobre el mundo exterior”.
A su vez, el escritor Humberto Maturana expone que la consciencia es esencia en el ser humano tanto así como en lenguaje. De esta manera, Maturana afirma que “tenemos experiencias inmediatas (experimentamos emociones) y luego hablamos de lo que nos pasa, porque tomamos conciencia de nuestra emoción. El lenguaje es expresión de la conciencia, y la conciencia tiene forma gracias al lenguaje. No es el uno sin la otra, y viceversa”.
Para comprender cómo funciona es importante destacar que existen tres niveles de consciencia:
1) Consciencia: es el conocimiento inmediato que la persona tiene de sí misma, de sus actos, de sus reflexiones y de su interrelación con el entorno.
2) Subconciente: es el lugar en el que ubicamos todo el cumulo de experiencias, de recuerdos, emociones, de datos, etcétera, que conservamos en un segundo plano porque nos es posible acceder con cierta facilidad.
3) Inconciente: es el nivel donde se almacenan todos aquellos instintos, emociones, deseos y conflictos que la persona no es consciente de que existen ni de la influencia que ejercen en su manera de actuar y de relacionarse con los demás.
Sin embargo, nuestro propósito es exponer qué es tomar consciencia en el proceso del coaching ontológico, debido a que la creación de la misma es una competencia fundamental que debe tener el coach profesional para lograr un cambio de observador en el coachee.
La creación de conciencia es la última parte del proceso del coaching ontológico que ha llevado al coachee a pasar anteriormente por otras instancias en su conversación con el coach.
La ICF (International Coach Federation) la define como la capacidad de integrar y evaluar con precisión varias fuentes de información y de hacer interpretaciones que ayuden al cliente a ser cociente para obtener los resultados pactados. En cambio, para la AACOP (Asociación Argentina de Coaching Ontológico Profesional) la creación de conciencia está dentro de la competencia n° 07 del Modelo 7COP, denominada “Facilitación para la transformación del Ser”, y la define como la capacidad de facilitar el aprendizaje ontológico y estar al servicio del coachee en el proceso de transición entre la conservación de su ser y su transformación.
El desafío de todo coach está en cómo llevar al coachee a este punto, temática que tratan Damián Goldvarg y Norma Perel de Goldvarg en su libro Competencias de Coaching Aplicadas:
Los autores enumeran una serie de alternativas o herramientas que se pueden utilizar para ayudar al coachee a lograr la creación de consciencia:
-Yendo más allá de lo dicho para evaluar las preocupaciones del cliente sin engancharse con las descripciones del mismo.
-Invocar el cuestionamiento para una mejor comprensión, conciencia y claridad.
-Identificando las preocupaciones subyacentes del cliente sobre la percepción que éste tiene de sí mismo con relación al mundo, diferencia entre los hechos reales y las interpretaciones, y entre pensamientos, sentimientos y acciones.
-Ayudar al cliente a que éste descubra por sí mismo sus nuevos pensamientos, creencias, percepciones, emociones, estados de ánimo, etc. que fortalecen su habilidad para tomar acción y lograr lo que le es importante.
-Comunicando perspectivas más amplias e inspirando el compromiso hacia un cambio de visión y contemplación de nuevas posibilidades para la acción.
-Ayudando al cliente a ver los distintos factores relacionados que le afectan a él y a su comportamiento (pensamientos, emociones, cuerpo, antecedentes, origen).
-Identificando las fortalezas y áreas de oportunidad para crecer y aprender, y los temas hacia los que es más importante dirigirse durante el proceso de coaching.
-Invitando al cliente a distinguir entre los temas triviales y significativos, entre los actos recurrentes o situacionales, y las discrepancias entre lo que se dice y lo que se hace en realidad.
Además, Damián Goldvarg y Norma Perel ofrecen una breve explicación de cómo se da el proceso de la misma. Los autores señalan que “el cambio de observador produce mucho alivio en el cliente. Es lo que habitualmente sucede. La toma de consciencia va teniendo lugar paso a paso, como una espiral ascendente, produce un cambio a nivel emocional que conduce directamente a cambios en la acción y, por lo tanto, lleva a la obtención del resultado deseado sin ningún esfuerzo. Esto no sucede cuando no hay cambio de observador y nos abocamos solo a las acciones, sin una exploración adecuada”.
En el video que dejamos a continuación podemos ver un caso en el que el coachee logra un cambio de observador, por lo que se logra la creación de consciencia:
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